
Otra vez lo ha hecho. El Estado de Israel ha masacrado a los palestinos esta mañana. La historia se repite una y otra vez. El gobierno de Israel insiste en demostrar y advertir que no quiere la convivencia con sus vecinos árabes. El Líbano, Palestina... ¿quién será el próximo? Matan sin piedad y hacen gala del ojo por ojo. Con los judíos (y en Israel también habrá no judíos digo yo) la historia reciente se ha cebado pero no ha sido el único pueblo machacado. El nazismo lo padecieron también gitanos, homosexuales, republicanos españoles. El holocausto sobre los judíos a manos de los nazis fue un genocidio no menos lamentable que los demás pero los judíos e Israel han sabido promocionar el suyo especialmente y rentabilizarlo. Ahora ellos se han convertido en los verdugos.

El Estado de Israel ya no es víctima si no verdugo. Por favor, que alguien pare las masacres. Ni la Historia ni Israel se merecen esto.
Sin embargo, en medio de la oscuridad siempre existe alguna luz. Esa luz podría ser el cine del israelí Eytan Fox. Su última película The bubble nos enseña otra imagen del Israel que tenemos en mente.
El vivir diario se impone magistralmente a las decisiones de los gobiernos. En esta película podemos disfrutar de las relaciones humanas a pesar del conflicto contínuo en el que se empeñan algunos en estar instalados.
